Un lugar preferido
Las maravillas de nuestro mundo, el amor por la naturaleza, el asombro ante la Creación.
Subida a la Collada
Cuestas, subidas y bajadas, obstáculos, piedras en el camino... Todo nos hace crecer.
La barca cerca del océano
Navegar por el inmenso mar. Momentos de silencio, de tranquilidad, de paz, de búsqueda interior...
Mostrando entradas con la etiqueta jmj. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jmj. Mostrar todas las entradas
viernes, 4 de noviembre de 2011
Una nueva especie: el joven cristiano
viernes, 4 de noviembre de 2011
16:17
No hay comentarios
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Si tuviera que decantarme por uno de los aspectos que más me gusta de la Jornada Mundial de la Juventud es que es un acontecimiento que está patente en la calle, que se vive junto a la gente, que impregna con su ambiente a toda una ciudad... Digamos que no es fácil esconder a medio millón de jóvenes durante una semana por muy grande que sea esa ciudad. Y esto, guste o no, hace que el evento en sí llegue a todo el que vive allí.
De la noche a la mañana las calles se llenan de jóvenes cantando, jugando, danzando, y en definitiva dando vida y frescura a la ciudad. Es normal, son jóvenes. Estos jóvenes también compran cosas, hacen turismo, van a los bares, les gusta divertirse, escuchar música y bailar. Es normal, son jóvenes. Y también hacen otras cosas como rezar, reunirse, estar en silencio, contarse sus problemas o hablar sobre Dios (incluso a veces en alto). Son jóvenes, ¿es normal? Pues sí. Son cristianos, sí, y jóvenes, también.
Los jóvenes cristianos no son una especie en extinción, no. Tampoco son una especie que vaya en paralelo al resto de la creación. Los jóvenes cristianos no son bichos raros (un poco raros a lo mejor sí, pero es que ¿qué gracia tiene no ser raro?). Y los jóvenes cristianos, como su propio nombre indica, son jóvenes y son cristianos con lo que conlleva cada una de las dos. Ni ser joven inhabilita para vivir como cristiano, ni ser cristiano inhabilita para vivir como un joven.
Los jóvenes cristianos somos personas como el resto. Con nuestros fallos, defectos, errores y con nuestras virtudes. Estoy cansado de prejuicios y estereotipos que nada tienen que ver con la realidad, aunque sé que como grupo social estamos expuestos a ello. La realidad es mucho más natural, sencilla y humana de lo que "se piensa". Quizás porque se tiene una idea muy compleja de lo que es el cristianismo, y el cristianismo se resume sencillamente en una persona.
Habitualmente se acusa a la Iglesia de juzgar los comportamientos de la sociedad. Paradójicamente los jóvenes cristianos son juzgados constantemente por todo el mundo. No puede haber ni una mancha en tu expediente, lo que dices y lo que haces pasa a estar automáticamente debajo de la lupa de la sociedad. Por suerte o por desgracia, creo que todos los cristianos contamos con ello de principio, y no solo con ser juzgados sino también perseguidos. Una palabra que suena fuerte, muy dura, como de otro tiempo, pero que sin duda cada vez cala más hondo en el interior de los cristianos.
Cada día se hace más difícil reconocer que se es cristiano. Esa mochila de la JMJ que para muchos medios ha sido el escudo perfecto del peregrino -algo así como un generador de aura de energía-, para los jóvenes fue nuestra manera de demostrar quiénes somos en realidad. El primer día costó llevarla porque sabíamos lo que significaba. Gracias a Dios, el segundo día era un orgullo llevar esa mochila a cuestas. Es duro, pero merece la pena.
viernes, 14 de octubre de 2011
¿Por qué me tiene que tocar a mí?
viernes, 14 de octubre de 2011
16:29
8 comentarios
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Vamos dejando ya atrás la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, pero para muchos este encuentro sigue "coleando". Por eso quiero escribir todavía algunas entradas más sobre ello.
Una de las preguntas más importantes sobre la JMJ es "¿por qué se realiza un evento así?" Las personas de la Iglesia se lo preguntan para ser conscientes de la razón de ser de un encuentro de estas características. Y las personas que viven allí donde se realiza también se lo cuestionan, pues lo viven de cerca, y les "afecta" en su vida diaria. Ambos grupos conviven durante una semana, y la respuesta a esta pregunta marca el devenir de sus relaciones.
Por eso, la convivencia entre los peregrinos y los habitantes de la ciudad es tan importante. Es fundamental a todos los niveles en el desarrollo de las jornadas. Y podemos decir que en Madrid hemos sentido la cercanía de la gente para bien y para mal.
Nos han hecho llegar sus impresiones y no siempre han sido muy agradables. Hemos recibido amenazas, insultos, "mensajes de bienvenida"... No ha sido frecuente, ni mucho menos, pero sí lo suficiente como para hablar de ello. Puedo entender las molestias que causa un evento así, pero me resulta complicado entender ese sentimiento de odio. ¿A qué es debido?, ¿qué es lo que realmente molesta? ¿Es el Papa?, ¿la Iglesia?, ¿el dinero que ha costado? ¿Por qué molesta ver felices a tantos jóvenes en una sociedad reinada por el stress y la desesperación?
Sinceramente, no me creo ni que nos preocupe el dinero que ha costado, ni me creo que sean simplemente las molestias de tener que cambiar mi día a día habitual para llegar a trabajar o para ir a comprar el pan. Más que nada porque hay otros muchos eventos en los que ocurre lo mismo y las reacciones son muy diferentes. Creo que el que molesta es Dios. En nuestra sociedad hemos escondido a Dios, todo lo que habla de Dios se ha metido en un cajón. Vivimos al margen de Él, como si no existiera. Y en este ambiente, de repente han llegado cientos de miles de jóvenes que transmiten su existencia. Se llega a respirar e incluso masticar ese sentimiento, y esto produce un choque frontal, un choque que también se produce en el interior de las personas que "pasan al lado".
Y es que esto es lo esperado y deseado en una Jornada Mundial de la Juventud. Lo importante no es el número, ni la diversidad de culturas y países, ni si la organización lo hace bien o mal. Lo verdaderamente importante es el encuentro con Dios. Ese encuentro fraterno que abraza al que está alrededor y le aprieta vigorosamente para enfatizar el sentimiento comunitario. Es un abrazo figurado, pero real. Y todos sabemos que es muy incómodo que te abracen cuando tu no quieres que lo hagan.
Pero no todo son choques y luchas, obviamente. Hemos encontrado a gente que ansiaba ese abrazo, que se han acercado a recibirlo y que querían saber qué se sentía ahí adentro. Personas que sentían la necesidad de ayudar y de hacerse partícipes de lo que estaba ocurriendo, que te contemplaban con ilusión, emoción, asombro... Recuerdo un matrimonio mayor que se acercó a preguntarnos. Al rato descubrimos, porque así nos lo confesaron ellos, que simplemente querían estar junto a nosotros, vivir aquello desde dentro. Nos dijeron: "Sabemos que es vuestro momento, pero nosotros hemos salido a la calle para que nos contagiéis ese espíritu joven y esa fe”.
Ojalá la JMJ haya calado hondo no sólo en aquellos que se inscribieron, sino también en aquellos que tuvieron la suerte de verlo con sus propios ojos. Estoy seguro de que así ha sido, y estoy seguro de que no peco de orgulloso si digo que muchos lo esperaban y emocionados salieron a su encuentro, y otros muchos no lo esperaban y Dios se encontró con ellos.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La otra JMJ
miércoles, 28 de septiembre de 2011
22:00
2 comentarios
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir en X
Compartir con Facebook
Para bien o para mal es imposible vivir en España y no haberse enterado de que la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) se celebró aquí en agosto. Un evento multitudinario que no ha dejado indiferente a nadie.
Al llegar a casa después de un evento así, todo son preguntas. Todo el que te ve te pregunta qué tal te ha ido, y no te preguntan "por preguntar", sino que se nota que hay un interés real detrás. Sin embargo, yo he notado que hay cierta discordancia entre lo que te preguntan y lo que tú esperas que te pregunten. Prácticamente tienes las respuestas listas para sacarlas a la luz, pero las preguntas no encajan... ¿Por qué? –me pregunto yo–, quizás porque no se sabe bien qué es realmente la JMJ.
Ha pasado ya más de un mes desde que acabó y ahora todo se ve con otra perspectiva. No sé si la JMJ te cambia la vida, no estoy seguro, puede que dependa de la persona, puede que dependa de las circunstancias de cada uno... De lo que sí estoy seguro es que la JMJ te toca. Te deja como tonto.
Me imagino esa persona que está tranquilamente en el salón de su casa, viendo la tele y siente que llaman al teléfono. Se levanta lentamente sin dejar de ver el televisor, como vagueando, y justo al descolgar le dicen: "Salga de inmediato de su casa, su vida corre peligro". En ese momento deja todo lo que está haciendo y sale despavorido, se aleja por el campo sin mirar atrás, y cuando siente que ya puede girar la cabeza de nuevo hacia su hogar, se encuentra con que su casa, aquella que construyó con todo su empeño y su ilusión, ha sido destrozada por un huracán. La cara de ese señor, y la de un joven que vive la JMJ, estoy por asegurar que son muy muy parecidas.
Ese señor después construirá otra casa, seguirá yendo a trabajar, volverá a ver la tele..., su vida aparentemente será la misma. Pero lo más seguro es que cuando reconstruya su casa se preocupará de que sea más estable, cuando vea la tele estará más atento a lo que ocurra a su alrededor, e incluso, cuando tenga que afrontar alguna situación difícil sabrá distinguir entre lo que es realmente importante en su vida y lo que no son más que simples tonterías... Aquel día del huracán quedará grabado en su retina para siempre, y su vida estará marcada por aquellos instantes en los que todo lo que era estable se tambaleó y se fue al garete.
La JMJ no tira tu casa por los suelos y por supuesto, no es una experiencia amarga, más bien todo lo contrario. Durante una JMJ, cada instante está lleno de alegría, de júbilo, de paz. Sin embargo, ésa es la experiencia exterior, la que se palpa en el ambiente, la que se ve en la calle... La vivencia interior es distinta, muy distinta. Sientes que todo se tambalea, que muchas cosas las has puesto en la balda de "seguras" y de repente algo te las tira al suelo para que las tengas que volver a colocar.
Muchas dudas se disuelven como si nunca hubieran existido; muchos miedos desaparecen, pasan a ser sinsentidos; las dificultades y obstáculos que antes estaban en el camino, ahora parece que alguien de repente los ha quitado de en medio... Y también aparecen temas que nunca te habías planteado y que ahora los pones en el centro de tus pensamientos. En definitiva, una vivencia exigente, dura, y a la vez, extremadamente gratificante. Cuando termina una JMJ, es imposible no acordarte de tu gente cercana y pensar: "Ojalá hubieras venido".
No puedo resumir fácilmente todo lo que se vive, pero creo que sí que he contado algo diferente de lo que se ha podido leer sobre estas jornadas en los medios de comunicación "habituales".
Las preguntas que surgen son las habituales: ¿estamos todos sugestionados?, ¿nos comportamos como gregarios?, ¿nos hemos creado todos una imagen en la cabeza inexistente?, ¿relacionamos sentimientos, pensamientos y emociones con lo que no es? Yo siento que no.



